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sábado, 7 de septiembre de 2013

TRATAMIENTO DEL LENGUAJE



Una de las características más notorias del lenguaje poético es el del uso de los diferentes recursos de la métrica en la composición de las obras. En esta revisión que realizaré de algunos temas vallenatos, en cuanto a la métrica, me detendré sólo en el timbre (rima) y la cantidad (número de silabas). Posteriormente mostraré una serie de imágenes en fragmentos de canciones, para indicar el tratamiento dado a los grandes temas de la literatura, como el amor, la muerte, etc. por los compositores vallenatos desde los inicios hasta nuestros días. No me detendré en hacer un inventario de ejemplos que ilustren la utilización de las diferentes figuras retóricas en estas composiciones en virtud de la brevedad.

Para iniciar con lo métrico o lo técnico, recordaré el canto vallenato más famoso de todos: La gota fría del viejo Mile Zuleta, que relata una parte de una contienda de versos sostenida durante años y a la distancia con Lorenzo Morales, finalmente su gran amigo hasta la muerte. En esta canción se pueden encontrar aunque sin completo rigor, quizá, varios serventesios, como en la estrofa que sigue:

¿Qué cultura, qué cultura va a tener
un indio Chumeca como Lorenzo Morales?
Qué cultura va a tener
si nació en los cardonales?

En esta estrofa, podemos ver una estructura de la siguiente forma: ABAB, mostrando rima consonante entre los veros 1 y 3, por un lado y el 2 y 4, por otro; siendo estos: Dodecasílabo el 1, Alejandrino el 2 y Octosílabos el 3 y 4.

Con un poco más de rigor en el conteo de las silabas que componen cada verso y de los versos que forman cada estrofa encontramos, en la música vallenata esta décima del maestro Carlos Huertas, perteneciente a la canción llamada Tierra de cantores, grabada por los Hermanos Zuleta en un álbum homónimo en 1978.

Hoy se nota en la floresta
un ambiente de alegría
y el rumor de ranchería,
es más dulce y sabe a fiesta.
¡Claro! si es que está en Fonseca,
el pueblo y San Agustín,
conmemorando el festín
de esta tierra de cantores,
en donde los acordeones
saben llorar y reír.

En esta composición podemos encontrar que cada uno de sus versos son octosílabos, con rima consonante de la forma: abbaaccddc, estructura que dejó definida Vicente Espinel desde finales del siglo XVI.

En la música que llamamos salsa, podemos encontrar también otro buen ejemplo de décima, en este caso con una temática distinta, amoroso, despechado, mejor, cantada por Luis Felipe González en sus épocas en el grupo Nelson y sus Estrellas, con un lenguaje diferente, un poco más académico podríamos decir, que logra inscribirse en la poesía clasicista española.

He llorado lo indecible, 
por ser de tu amor el dueño 
y por realizar un sueño,
que tal parece imposible.
Te creo tan infalible, 
como el dios de la pasión, 
vives en mi corazón 
linda azucena del prado, 
y de ello se ha enterado 
solamente el diapasón.

Cambiando de forma estrófica, revisaremos un fragmento de la canción Mar de Olvido, de Marciano Martínez, grabada por Peter Manjarrés en el álbum Tú número uno, acústico, del 2011.

Vete lejos para siempre de mi vida,
no me busques, no me llames,
no preguntes si estoy vivo o si estoy muerto:
Es mi firme decisión, quiero vivirla,
sin angustias, sin afanes,
no perturbes por favor la paz que siento.

Esta es una composición que, en la estructura estrófica no se puede definir como Sextina o Sextilla, estrictamente, debido a que sus versos no son ni de arte mayor ni menor en su totalidad como lo exige la definición de cada una de estas estrofas diferentes, pues la estructura de esta es la siguiente: AbCAbC. Donde encontramos versos con rima consonante, octosílabos en los versos 2 y 5 de la estrofa y dodecasílabos en los versos restantes de la estrofa, de seis en total.

Finalmente, otra décima, con un carácter muy diferente a las revisadas anteriormente, del Magangueleño Martin Madera, perteneciente al tema: Décimas del parecido, grabado por Carlos Vives en el álbum Déjame entrar del 2001:

Se parece el mar al cielo,
tu corazón a la tierra.
Se parecen a la Sierra
las muchachas de mi pueblo.
En la hamaca donde vuelvo
a mitigar la pesadilla,
pensaba en la maravilla
que florece en mi jardín.
Y la ciudad de New Orleans,
se parece a Barranquilla.


En esta última décima vale la pena aclarar que la rima que se da entre los versos: “que florece en mi jardín/ Y la ciudad de New Orleans” no es dada por la correspondencia en las escritura de las últimas letras de las palabras finales de los versos, sino que es acústica, por decirlo de alguna forma, debida a la pronunciación del nombre de la ciudad del Jazz en idioma inglés, no por su escritura en español, como lo piden nuestras normas de la métrica para las rimas.

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