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domingo, 9 de junio de 2013

EDUARDO LOPEZ JARAMILLO: UN POETA DE PEREIRA PARA EL MUNDO.

¿Cuándo podemos hablar del surgimiento de  un verdadero poeta, en una ciudad promedio como Pereira? ¿Una ciudad que como capital apenas si se estrena con 46 años de vida departamental, separada del llamado gran Caldas o viejo Caldas? La hegemonía cultural de  entonces, dictada por Manizales, propuso un modelo estético conocido en algunos círculos como grecoquimbayismo, una corriente poética de provincia, que al  igual de los piedracielistas capitalinos, mezclaban retoricas heredadas de la tradición romana y clásica con elementos autóctonos y costumbristas de Colombia. En este sentido, Eduardo López Jaramillo entrara en la escena poética colombiana  y sobre todo  en la  pereirana, con un rompimiento de moldes  que lo inscriben como uno de los más grandes poetas regionales y por qué no nacionales de los últimos 50 años en el país.

Eduardo López Jaramillo nació en Pereira el 10 de agosto de 1947. 20 años antes que el departamento de Risaralda se proclamara independiente y empezara  figurar en el mapa como unidad administrativa separada del antiguo departamento de Caldas. Estudio  filosofía y letras en Lovaina Bélgica  lo que le permitió el contacto con otras lenguas y que propiciaría en él una voluntad de traductor impecable de poesía contemporánea europea. En estados unidos,  fue alumno de Octavio Paz, premio nobel de literatura en 1990, siendo este su profesor en la universidad de Pittsburg. Entre sus obras literarias, trasegadas por géneros tan variopintos como el ensayo Introducción a Sade;  en Poesia  Logicas y otros poemas 1979 Hay en tus ojos realidad 1987El ojo y la clepsidra 1995;   las traducciones. Poemas de amor del antiguo Egipto (traducciones de Ezra Pound, prólogo y notas) 1990, poemas canónicos de Constantin  Kavafis (traducción prólogo y notas), 1985. Y en narrativa, destacándose como cuentista en los Papeles de Dédalo 1983; y en la novela con Memorias de la Casa de Sade 2002. Encontramos un intelectual de alcances nunca antes vistos en una ciudad como Pereira.

En esta oportunidad, nos detendremos solamente, en aras de la brevedad, en contados poemas de  su libro, Hay en tus ojos realidad, y en algunos otros poemas por considerar este género, el de importancia capital dentro de toda su producción literaria.

Valga hacer una breve alusión mnemotécnica, y ver como fue el contexto de Eduardo lopez, cuando empezó a escribir sus primeros versos y dar de que hablar en la ciudad. Por ese entonces, la ruana, era de algún modo, el derrotero poético y máximo valor literario de una ciudad que la adopto como himno popular del alma pereirana. Poema de acerbo costumbrista, convertido en canción popular, fue por excelencia la huella digital de Pereira en el panorama cultural colombiano. Luis Carlos Gonzales, un hombre de arraigo, sin formación intelectual pero de indudable talento, se había quedado (y aun lo sigue teniendo) con el primer puesto de poeta en una ciudad que iba en crecimiento y que se posicionaba como la más importante de la región. Luis Carlos López, fue en sumo el poeta más importante de una Pereira tradicional y cafetera, viva e independiente.

Siempre han existido poetas en nuestro medio.  Algunos de ellos fueron hombres de cultura superior.  Sin embargo, el laurel de la poesía estará siempre presidido por Luis Carlos González.  Es el poeta de todos y su obra está amorosamente unida a la historia de Pereira.  En alas de la canción, sus poemas han traspasado las fronteras, haciendo resonar el nombre de nuestro solar en incontables latitudes.  En la poesía del Maestro está viva la historia de una aldea que se convirtió en ciudad y que interpretó sus bambucos henchidos de amor y de paisajes, compuestos con discreta ironía, como preguntando en voz baja quién escribe los versos. Si algo despertó la admiración de sus contemporáneos fue su facilidad para entonar, siempre inspiradamente, la música de las palabras.  Pereira tendrá en adelante otros poetas -más profundos, de más rica espiritualidad-, pero ninguno como Luis Carlos González volverá a ser reverenciado en calidad de genio del lugar.  No es poca la gloria para un escritor cuando pensamos que la inmortalidad consiste en no ser olvidados por quienes nos aman.

Estas palabras de Mauricio Ramírez, poeta, y compilador pereirano, ponen relieve la importancia capital del poeta de la ruana para el sino poético de nuestra ciudad.

Rememoremos algunos versos de este poeta, que aunque no es nuestro invitado a la mesa,  no podremos cenar sin su beneplácito.
Que quien escribe los versos,
Preguntas chquilla inquieta?
Es mentira que se escriban
Y mentiras los poetas.
Los dicta el alma. Y entonces,
Como las palomas, vuelan,
Rayando luz de recuerdos
En largas noches de ausencia

(Fragmento de Fabula)

Luis Carlos, fue entonces el poeta amoroso de rimas claras, sin elucubraciones filosóficas, imágenes sin ningún misterio por desentrañar pero que en la voz popular, causaban conmoción y evocación en quienes las leían.
Así que mientras Luis Carlos era loado y  leído por la gente de Pereira, Eduardo apenas niño, apenas joven, hacia su bachillerato en el instituto Caldas de Pereira  y sacaba libros que su padre pagaba con anticipación de la histórica librería Quimbaya,  donde leyó como condenado a muerte y encontró su vocación literaria.

Ya en su periodo de producción, Eduardo, venido de Europa,  ensaya a ensayarse poeta en una ciudad que poco o nada entendía de lo que acontecía en el mundo literario de afuera.(aun no lo entiende)   Y mientras el amor, la aldea, el café, y el hacha, se pierden en la ruana Luiscarlista, que hace Eduardo hablando de belleza, cual, a que se refiere…


Antes (y en vivir) Después la nada
Grafia lunar: innumerables
Torres conicas huecas al centro
Albergan los hombres

(Fragmento de Comenzar defiendo la belleza)

La belleza no era un tema recurrente en la poesía local de antes, por lo menos la conciencia de su existencia, solo un hombre con preocupaciones estéticas, (entendida esta no solo como lo plástico y ateniente al arte, sino como aliento filosófico del espíritu) Podia poner de relieve, el bello misterio de lo desconocido.

Eduardo es entonces un intelectual, que asume el oficio de escribir como una profesión, un habitus cotidiano, no es un hobby, ni un asunto palaciego, ni sus poemas son de ocasión patriotera para cantar al estro colombiano, Eduardo Lopez Jaramillo  inaugura en Pereira inevitablemente las vanguardias,  llega a una ciudad aislada del mundo a mostrarlo abierto en su pluma, a decir, esto es poesía, también, esto es expresión.

En Hay en tus ojos realidad, Eduardo canta a temas como la palabra  y el amor fundamentalmente. Vuelve al amor, después de trasegar por una poética arcana, mediada por el filtro del intelectualismo culterano, propio del conceptismo de Gongora o Quevedo, un conceptismo a la moderna, pero conceptismo al fin y al cabo.  Vuelve al amor, con un sutil toque de erotismo velado, no por su moralidad, sino porque a Eduardo le interesa  que todo quede sugerido, que nada sea dicho definitivamente para siempre, mal del que sufría la poesía clásica; el amor en Eduardo López, es fantasmagórico, es etéreo…

Te añoro
Como si hubieras muerto
Y sin embargo
Se que vives y me amas
Que en tu distancia
Anhelas mis palabras
Y que tu cuerpo aun siente
El fuego de mis poemas
Y mis besos

(Fragmento de Bachiana No. 5 Aria)

Y desde esta hermosa descripción, de un pasado creador,  la pregunta intensa y dramática, hace alarde en la mitad de un poema amoroso.

¿Acaso
Fuimos sueño
Ceniza, soledad?


Eduardo, deja fluir la mano al escribir, crea y cree, es poeta en todo el sentido amplio de la palabra El poeta que rompe moldes, después de haberlos conocido muy bien, amante de la música clásica y la noche, su musicalidad inmanente,  y su viaje a otros terrenos de la palabra,  aquella que solo vela sentidos, que es una concha nacarada de un fondo vertiginoso.

     Habla, que las palabras son imagen del silencio
Cada palabra lleva el lastre de lo incofesable
                                                        Cada palabra es lecho humedecido
    Por la copula o el sueño. Toda palabra es fabula.

En Eduardo lopez, se puede dividir la historia de la literatura regional en dos. Nacido al inicio de la segunda mitad del siglo
XX, hijo verdadero de Pereira la ya capital,  su poesía, normal para nosotros hoy, exótica, extraña para un ayer permeado por una tradición costumbrista y rimada, este humanista,  es de lejos, el más grande poeta que haya pisado estas tierras con un legado de importancia en las letras.


Las nuevas generaciones  de poetas pereiranos, que hoy deambulan por las calles, que ganan premios locales y nacionales, que asisten a eventos masivos de poesía, que anidan en bares y callejuelas nocturnas recitando el mundo a tragos de tequila, beben sin quererlo, en una tradición que parte de él, y llega a él.
¿Pero por qué digo que parte de él? Porque indudablemente, y aun la demora en reconocerlo, es un argumento más sólido, Luis Carlos Gonzales,  no fue más que un consolidador de un statu quo poético, v
Vox populi, de troveros y bambuqueros, buen poeta, pero al fin y al cabo poeta menor.  Llega a él, hoy más que nunca a diez años de su muerte,  la voz del primer poeta del yo, decimonónico renovado, mientras todo en la poesía era un canto a lo externo y diáfano de un paisaje que se cantaba a sí mismo.
La poesía de Eduardo López, es una pregunta profunda, en medio de una sociedad que cree resolver todo con la tradición comercial y su vocación de café. Una tradición poética que bella sí, pero poco dudosa sobre lo establecido.

Noche perfecta
Sin luna y sin metáforas
Entre el bambú
Solo los ojos del búho
Sobre las brasas, cenizas
Que se evaden, que se van
¿Contare con un más allá
De este ahora?
¿Me apasionare con la muerte del ciervo
En las altas montañas rumorosas de cascos?



MIGUEL ANGEL RUBIO OSPINA
PEREIRA.

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