viernes, 24 de agosto de 2012

INMOVILIDAD DEL AMANECER


Pliego las puntas del amanecer:
De semáforos sin colores cambiantes
De opacos y fríos caminos asfaltados
De tiempos
-       Orgásmicos sincopados  -
Atemperados por cláxones trasnochados.

Es domingo.

Sacudo otro par de veces las sábanas del alba:
De perdida luz en concretos laberinticos
-       Sin pájaros cantores ni astros fertilizadores –
De monótonas lluvias entumecedoras
-       Refulgiendo reventando relamiendo cristales-

Inicia el día. 

De obligados silencios a dulce bala
De diluidas existencias anquilosadas
De cafres enaltecidos, gonorsofias,
-       Calanchines cadáveres insepultos –
De tristes tristezas circulares.

¿Es domingo?

Lamentos, súplicas, gritos, chirridos… SILENCIO.
Suspicaz cuchillada de la muerte destaza nuestros días
Indiferente, indiferentes… ni tan de frente.

¿Inicia el día?

Infames sucesos se suceden sin espanto, sin llanto.
Descorrido el velo persiste el acecho omnipresente de la nada:
Carcoma niveladora, fétida, vulgar, amenazadora y perversa.

Duermes, aún…

¿Ha rehusado a apartarse de tu frente la frialdad del sueño?
¡No! Sonríes, bostezas, te desperezas, susurras…
¡Rompes, de nuevo, la modorra para dar comienzo a mi domingo!

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